
Este artículo analiza el modo en el que la Inteligencia Artificial ha funcionado como acelerador de varias tendencias económicas y políticas propias del capitalismo.
El texto emplea el concepto de «neoludismo socialista». Aunque nosotros consideramos que la forma política que reclama la época actual es el Partido Comunista, el término le sirve al autor para romper con la línea que algunas tendencias reaccionarias intentan trazar entre dos movimientos distintos: por un lado, el ludismo, una de las formas más embrionarias de organización obrera; y, por el otro, el tecnopesimismo, que apela a un odio en abstracto a la tecnología, que termina frecuentemente adoptando un corpus fascista, al señalar a la tecnología y no a quién la posee, como ocurre con figuras famosas como Ted Kaczynski.
A pesar de que el artículo se aventure a declarar ciertas profesiones «a salvo» de la Inteligencia Artifical, estamos de acuerdo en que su avance ha representado un vertiginoso acelerón de las tendencias capitalistas. Pero es la propiedad de los medios de producción, tal y como dice el texto, la que orienta a la tecnología hacia intereses privados, ajenos a los intereses de la humanidad trabajadora.
El artículo apunta a un objetivo fundamental: el proletariado no debe limitarse a rechazar la tecnología, la IA incluida, sino a apropiarse de ella.
Kursant
Tecnofobia en la era digital
Ned Ludd no existió, pero esto no significa que no tuviera un impacto histórico significativo. Artesanos ingleses a inicios del siglo XIX se alzaron bajo el estandarte de Ned Ludd, siguiendo una larga tendencia en los conflictos entre la burguesía y los obreros ingleses, y con martillos destruyeron las máquinas que se les había impuesto en el trabajo.
De esta forma, entre 1811 y 1813 y cruzando de West Yorkshire a Nottingham, el proletariado inglés protestó contra sus empleadores dirigiendo su malestar a la teconología. Si bien hay opiniones cruzadas sobre la efectividad de las revueltas «Luditas», queda patente que no supuso un freno al avance tecnológico acelerado que nos ha traído a estos días.
El movimiento obrero de hoy tiene que aprender mucho del Ludismo. Y eso conlleva confrontar el pasado –y los motivos reales que impulsaron al movimiento ludita a la lucha contra la máquina– y afrontar el futuro. Los progresos recientes en Inteligencia Artificial y otras muchas tecnologías tornan aún más complejas las relaciones entre la clase trabajadora y sus explotadores, y es por eso que los movimientos revolucionarios no deben enrocarse en el rechazo a la tecnología: hay que usurpar la propiedad de la tecnología de los capitalistas.
El desprendimiento político del ludismo al neoludismo
El movimiento ludita que nace en el siglo XIX no surge como un rechazo tecnológico completo. Si bien el pensamiento místico y tecnófobo supone un componente intrínseco de la mente humana1, ese no fue el impulso principal que motivó a los trabajadores ingleses a destruir las máquinas que se les habían impuesto en sus puestos de trabajo.
Los trabajadores se alzaron contra las cambiantes condiciones laborales que fueron modificadas por la recientemente desarrollada clase burguesa, propietaria de los medios de producción industriales ingleses, como describe E.P. Thompson en «La formación de la clase obrera en Inglaterra» (1963): «La oposición [ludita] a máquinas particulares era más que trabajadores defendiendo su forma de trabajo: la forma de vida de la comunidad estaba siendo amenazada. Estas máquinas simbolizaban la invasión del sistema industrial»2. El miedo o rechazo a una nueva tecnología que podría transformar la vida de la población inglesa –y que acabó construyendo el mundo presente– no era el motivo único para los alzamientos contra los jefes, sino que debe entenderse la doble amenaza que suponían estas máquinas: laboral y comunitaria. Thompson describe entonces el Ludismo como «[…] una reacción violenta contra el capitalismo industrial sin restricciones, peleando contra un orden paternalista y respaldada por las tradiciones de la comunidad trabajadora.3»
El resultado de esta oposición fue la respuesta habitual del capital contra la clase trabajadora: el parlamento británico aprobó la pena de muerte contra los hombres que se atrevieron a desafiar a la máquina. Lord Byron fue de los pocos parlamentarios que alzó la voz4 contra esta medida puramente punitiva.
¿Qué ha trascendido del ludismo hasta la actualidad? Como bien detalla Steven E. Jones en su libro «Contra la tecnología: del ludismo al neoludismo», el término «ludita» ha evolucionado en los siglos que siguieron a las revueltas, pasando de ser una leyenda romántica a un término atrapalotodo que agrupa a reaccionarios contra el progreso y escépticos de la relación entre el capital y la tecnología.
Esta dicotomía no es menor, pues agrupa dos análisis casi antitéticos sobre las relaciones materiales entre los descubrimientos científicos y los medios de producción. El grupo mayoritario es el primero, representado por los Congresos Luditas de finales del siglo pasado5, donde protestaban ampliamente contra las consecuencias del cambio climático, la industria cárnica, los alimentos transgénicos y la biotecnología.
Si bien muchas de las preocupaciones de hace 30 años son más que legítimas y persisten en la actualidad –no incluyendo los alimentos transgénicos, que han demostrado ampliamente su seguridad6–, el enfoque exento de un análisis de las condiciones materiales que permiten el desarrollo de la tecnología y su propiedad genera una quimera intelectual que señala, desde el miedo y el aislamiento, a la tecnología como el motor maligno que condena a la humanidad al peor de los destinos.
Un ejemplo de cómo este tecno-pesimismo resulta en víctimas reales es Ted Kaczynski, el famoso terrorista «Unabomber» que realizó 13 ataques a policías, estudiantes y ejecutivos, con bombas enviadas por correo postal, cobrándose la vida de 3 personas entre 1978 y 1995. En el manifiesto de Kaczynski que publicaron el New York Times y el Washington Post, titulado «La sociedad industrial y su futuro», este expone una vinculación entre tecnología y pérdida de libertad y presenta el rechazo al progreso como la única vía para evitar la extinción de la humanidad: «El hombre moderno está encadenado por una red de reglas y regulaciones, y su destino depende de las acciones de personas que no puede influenciar. Esto no es accidental […]. Es necesario e inevitable en cualquier sociedad tecnológicamente avanzada.7»Este manifiesto, cargado de tecnofobia y con un marcado tono anti-izquierdista, representa el peligro del neoludismo cuando no se asocia con un potente marcador de clase. Para Kaczynski «no es posible establecer un compromiso duradero entre tecnología y libertad»8. Esta no es una postura razonable sobre la tecnología, que comprende desde las herramientas de sílex a las más recientes aeronaves; es una postura construida desde el miedo.
Tanto Kaczynski como el resto de neoluditas –que como describe Jones en Contra la teconología, reniegan del Unabomber y sus métodos– aciertan en señalar las marcadas contradicciones entre el capital y el desarrollo científico, ya que el progreso de la humanidad a menudo es incompatible con los márgenes de beneficios de las grandes empresas. Sin embargo, erran al señalar a la tecnología como la máxima responsable de estas contradicciones. Como bien expresa Steven E. Jones: «No afirmo que la tecnología sea esencialmente neutral, no creo que sea esencialmente nada. Para mí, la tecnología es un sistema humano –y no una herramienta inerte– que debe entenderse en contextos humanos específicos […]9». No tiene ningún valor aislar a la tecnología de sus dueños, que son los que apuntan con el cañón de la pistola. Es por esto que es relevante señalar a los propietarios de las herramientas que construirán el mundo del futuro.
Los propietarios de la era artificial
La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse. Si bien el machine learning es una práctica que tiene décadas de investigación a sus espaldas, los últimos cuatro años han estado definidos por la implementación de la Inteligencia Artificial generativa, que ha permeado hasta puntos muy profundos en nuestro resquebrajado orden social. No es la implacable promesa que afirman los CEOs interesados en cada oportunidad que tienen, pero esta tecnología es equivalente al progreso científico que resultó en alzamientos luditas en el siglo XIX: responde únicamente a los intereses del Capital.
Por ejemplo, un estudio de Common Sense Survey10 afirmaba que un 72% de los adolescentes estadounidenses ha utilizado la IA generativa como compañía emocional. Este mismo estudio estimaba que hasta 5,2 millones de adolescentes la utilizaban como herramienta de apoyo psicológico. En la misma línea, un artículo de Harvard Business Review11 afirma que el uso principal que se le dio a la IA en 2025 fue como «terapia o acompañamiento personal». Los dos siguientes usos principales fueron «organización de mi vida» y «encontrar propósito».
El uso principal que se le da a la IA es de acompañante personal, pero tiene un talón de Aquiles: no se le da bien ese trabajo. ChatGPT, la IA de OpenAI, destaca por ofrecer a sus usuarios la posibilidad de hablar con espíritus tan fácilmente como planear su suicidio12. De ahí que OpenAI enfrente en la actualidad hasta 4 casos de homicidio imprudente13 por el uso de su IA, entre ellos el caso de un adolescente que se quitó la vida después de que ChatGPT le recomendase que no comunicase sus problemas a su familia.
Esto no se limita a OpenAI. La IA de Google, Gemini, también enfrenta una denuncia14 por facilitar el suicidio de uno de sus usuarios. La interacción con IAs generativas ha resultado tan insegura que ya se recoge el término de «Psicosis por IA15», expresando el desarrollo patológico de desconexión de la realidad después de interactuar con una IA. Estas empresas particularmente depredan en aquellas personas más vulnerables: investigadores de OpenAI y del MIT descubrieron que aquellas personas con peores evaluaciones sociales y emocionales eran además las que más usaban ChatGPT. Las empresas propietarias son conscientes de esta relación entre la fragilidad mental y el uso de sus productos, y es su objetivo explotarlo hasta obtener el máximo beneficio. Zoë Hitzig expresó esta preocupación en un artículo en el New York Times después de dimitir como investigadora de OpenAI: «Los usuarios están interactuando con un bot al que han revelado sus pensamientos más privados […] tantas preocupaciones médicas, problemas en sus relaciones o creencias religiosas. La publicidad basada en esa información tiene un potencial para manipular a los usuarios de formas que aún no podemos entender ni prevenir.16» Sobre el modelo de anuncios propuesto por OpenAI, Hitzig añade: «La pregunta real no es si se incluyen o no anuncios. La pregunta es si podemos diseñar estructuras que eviten excluir a gente de estas tecnologías y manipularlas como consumidores.»17 Parece difícil pensar que esto sea posible en la empresa que se fundó en 2015 como organización sin ánimo de lucro y que fue transformada por su actual CEO, Sam Altman, para producir el mayor margen de beneficio posible18.
Estas empresas tecnológicas ven también un posible negocio en el uso de las IAs como acompañantes psicológicos, como afirma la directora clínica de Google, afirmando que «cortar el acceso de algunos usuarios [a Gemini] podría hacer más daño que beneficio.» La administración Trump es una más planeando los posibles recortes que podrían hacer al paupérrimo sistema sanitario estadounidense usando la IA: sustituyendo a médicos por bots de conversación. La mezcla entre IA y Estado ya demostró resultados extremadamente pobres en Países Bajos, donde se utilizó un sistema de Inteligencia Artifical para detectar fraude en ayudas concedidas; y resultó en la persecución de personas migrantes o con doble nacionalidad. Al mismo tiempo, la empresa de seguridad e inteligencia Palantir se lucra con el genocidio en Palestina y su CEO, Peter Thiel, se instala en Argentina por su afinidad con el gobierno ultraderechista de Javier Milei.
Esto revela la hoja de ruta que comparten la extrema derecha y la oligarquía tecnológica en lo que corresponde al uso de la IA: utilizarla expansivamente para recorte económico, como máquina de guerra o para sustituir a trabajadores esenciales, sin considerar en ningún momento el impacto ecológico o ético de esta tecnología. Elon Musk ha desarrollado una inteligencia artificial que es tan nazi como su dueño, y otras empresas dedicadas a este ámbito, como Anthropic –una empresa que detalla que su IA, Claude, está diseñada para ser lo más segura posible– se dedican a destruir libros únicos para entrenar a sus modelos de lenguaje.
La oligarquía tecnológica tiene el control completo de una invención que podría revolucionar como entendemos la ciencia y la inteligencia, pero su objetivo demostrado es el sometimiento completo de la humanidad al Capital. Esta afirmación puede parecer una exageración, pero ya no lo esconden. Por tanto, es la labor de la clase trabajadora pensar en una Inteligencia Alternativa que pueda hacerle frente.
Por un neoludismo socialista
La clave en la separación entre máquina y explotador reside en entender cuál es el objetivo del uso de la Inteligencia Artificial en nuestra sociedad. Como se ha expresado a lo largo de este artículo, el fracaso social que supone la implementación de la IA hoy en día se debe a la intención capital de sustituir al ser humano — como trabajador y como miembro de la especie — por una máquina que promete ser más eficiente y menos problemática.
Sin embargo, la IA es incapaz de hacer esa sustitución de forma eficaz. Nunca podrá pintar, componer música, confortar a otra persona o hacer un diagnóstico19. Sin embargo, esto no significa que no tenga usos: la publicación de Wang et al. (2022) titulada «Descubrimiento científico en la era de la inteligencia artificial20» resalta los principales campos en los que la IA han permitido avances científicos en la última década.
Desde facilitar el reconocimiento del lenguaje humano que facilita la conversión a texto, a describir la forma en la que se plegarán proteínas, pasando por la predicción metereológica. Wang et al. (2022) describen que «Los sistemas de inteligencia artificial tienen el potencial de revolucionar el trabajo científico al acelerar procesos y proveer predicciones con exactitud casi-experimental»21, demostrando los éxitos científicos en diversos campos que dibujan la silueta del espacio que la IA puede ocupar en nuestro sistema científico.
Este es el camino potencial que tiene la IA en un mundo moderno, que no le pertenezca a los magnates tecnológicos de siempre, sino al proletariado global que la ha construido. Desde los trabajadores encargados del entrenamiento de los algoritmos –ya sea produciendo o clasificando contenido con el que serán entrenados– hasta los programadores encargados de construir sistemas que permitan el uso de millones de personas simultáneamente22, pasando por los ingenieros que fabrican los componentes electrónicos necesarios23 para mantener el entramado artificial, es en la clase trabajadora donde recae el peso de las máquinas.
No es suficiente –pese a que sea importante– protestar en contra de la creación de más centros de datos ni pedir que se retire el uso de la IA generativa en los procesos creativos. La clase trabajadora debe articular una respuesta a la Inteligencia Artificial que la usurpe de sus ilegítimos propietarios y la utilice por el bien y la prosperidad de toda la humanidad.
Este neoludismo socialista no implica abanderar el ludismo como estandarte ideológico, sino dirigir a los escépticos con la tecnología a las vías emancipadoras del socialismo. Se romperán máquinas y se destrozará tecnología, pero siempre bajo la organización del movimiento obrero que liberará a la clase trabajadora.
La historia de los luditas supone una estrella en el firmamento a la que atenernos para encontrar el destino: no se trata de revelarse por tecnofobia contra el progreso humano, sino de confrontar las deficiencias de esta nueva tecnología y aceptando el mundo que se está construyendo en las entrañas del capitalismo.
En las distintas eras históricas que se caracterizan por modelos de producción, la siguiente gran revolución se fragua en el interior de la era en curso, hasta que las contradicciones entre el modelo de producción y las condiciones materiales no son capaces de resistir la resultante transformación social. Así surgió el capitalismo del feudalismo que a su vez nació de superar el esclavismo romano.
Es por eso que, en la compleja tormenta que está suponiendo el declive definitivo del capitalismo contemporáneo, tenemos que poder localizar el mundo nuevo que está naciendo. Como bien estableció el filósofo y político italiano Gramsci sobre las condiciones materiales de hace 100 años: «La crisis [del sistema capitalista] consiste precisamente en el hecho de que el viejo mundo está muriendo y el mundo nuevo no puede nacer: en este interregnum, fenómenos monstruosos de lo más variados ocurren»24.
Es fácil perder el sentido en el monstruoso espacio entre el viejo mundo y el mundo que construirá la clase trabajadora. Pero queda evidenciado que el motor del progreso y de la realización de un mundo mejor no puede ser el miedo, sino que debe ser la esperanza.
- Davis, R. A. (2025, noviembre 5). The real reason people fear change. Ameco Press. https://amecopress.net/real-reason-people-fear-change/ ↩︎
- Thompson, E. P. (2013). The making of the English working class. Penguin Books. p. 528 [Traducción propia]. ↩︎
- Ibid p. 550 [Traducción propia]. ↩︎
- Lord Byron defends the Luddites in his maiden speech in the House of Lords. History of Information. (n.d.). https://historyofinformation.com/detail.php?id=4654 ↩︎
- Sale, K. (1997, February 1). America’s New Luddites. Le Monde diplomatique. https://mondediplo.com/1997/02/20luddites ↩︎
- Teferra, T. F. (2021, July 27). Should we still worry about the safety of Gmo Foods? why and why not? A review. Food science & nutrition. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8441473/#fsn32499-sec-0011 ↩︎
- Kaczynski, T. J. (1995). Industrial society and its future. The Washington Post. Párrafo 114. [Traducción propia]. ↩︎
- Ibid párrafo 125 [Traducción propia]. ↩︎
- Jones, S. E. (2006). Against technology: From the Luddites to neo-Luddism. Routledge. p. 14. [Traducción propia]. ↩︎
- Teens are using chatbots as therapists. that’s alarming | rand. (n.d.). https://www.rand.org/pubs/commentary/2025/09/teens-are-using-chatbots-as-therapists-thats-alarming.html ↩︎
- https://hbr.org/2025/04/how-people-are-really-using-gen-ai-in-2025 ↩︎
- Ruwitch, J. (2025, 12 diciembre). A new lawsuit blames ChatGPT for a murder-suicide. NPR. https://www.npr.org/2025/12/12/nx-s1-5642599/a-new-lawsuit-blames-chatgpt-for-a-murder-suicide ↩︎
- Disponible aquí: https://www.nytimes.com/2025/11/06/technology/chatgpt-lawsuit-suicides-delusions.html?eafs_enabled=false ↩︎
- Gemini Said They Could Only Be Together if He Killed Himself. Soon, He Was Dead. (s. f.). ↩︎
- What to know about «AI psychosis» and the effect of AI chatbots on mental health. (s. f.). ↩︎
- Hitzig, Z. (2026, Feb 11). OpenAI Is Making the Mistakes Facebook Made. I Quit. The New York Times. Link. [Traducción propia]. ↩︎
- Ibid ↩︎
- Hao, K. (2024, 23 agosto). The messy, secretive reality behind OpenAI’s bid to save the world. MIT Technology Review. https://www.technologyreview.com/2020/02/17/844721/ai-openai-moonshot-elon-musk-sam-altman-greg-brockman-messy-secretive-reality/ ↩︎
- AI and your health: Why ChatGPT is no substitute for a medical check-up. (s. f.). ↩︎
- Wang, H., Fu, T., Du, Y., Gao, W., Huang, K., Liu, Z., Chandak, P., Liu, S., Van Katwyk, P., Deac, A., Anandkumar, A., Bergen, K., Gomes, C. P., Ho, S., Kohli, P., Lasenby, J., Leskovec, J., Liu, T., Manrai, A., . . . Zitnik, M. (2023). Publisher Correction: Scientific discovery in the age of artificial intelligence. Nature, 621(7978), E33. https://doi.org/10.1038/s41586-023-06559-7 ↩︎
- Wang, H., Fu, T., Du, Y. et al. Scientific discovery in the age of artificial intelligence. Nature 620, 47–60 (2023). https://doi.org/10.1038/s41586-023-06221-2. [Traducción propia]. ↩︎
- Taiwan’s chip plants run on migrant workers. Job brokers run their lives. (s. f.). ↩︎
- Beltran, M., Liu, H., & Vaidyanathan, G. (2025, 4 junio). Taiwan’s chip plants run on migrant workers. Job brokers run their lives. Rest Of World. https://restofworld.org/2025/taiwan-semiconductor-migrant-labor/ ↩︎
- Gramsci, A. (1930). Letters from Prison. Columbia University Press, 2011. p. 33. [Traducción propia]. ↩︎
